Esta imagen condensa años de sufrimiento y dudas, pero si algo he aprendido durante este tiempo, es que nunca hay que perder la sonrisa, y que es más fácil cuando te ries precisamente de aquello que más te la roba a veces. Para los que tengan vidas felices fuera del mundo de la Escuela de Arquitectura, ¡mi enhorabuena! ¡Seguid así siempre!
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